El lenguaje de la energía

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¿Qué estilo de comunicación emplea usted con su perro? ¿Le implora que vaya con usted, mientras él se niega y sigue corriendo calle abajo tras una ardilla del vecindario? Si su perro le roba su zapatilla preferida, ¿le habla como si fuera un bebé para tratar de que se la devuelva? ¿Grita con todas sus fuerzas para que su perro se baje de un mueble, mientras él se queda allí sentado, mirándola fijamente como si usted estuviera loca? Si cualquiera de estos ejemplos le suena familiar, sé que es consciente de que las técnicas que utiliza no funcionan. Comprende que no puede «razonar» con un perro, pero sencillamente no conoce otra forma de comunicarse con él.

¿Recuerda la historia del Dr. Dolittle, el hombre que podía hablar y entender el lenguaje de cualquier animal? Desde los libros de Hugh Lofting hasta la película muda de 1928, pasando por los seriales radiofónicos de la década de 1930, el musical cinematográfico de 1967, los dibujos animados de la década de 1970 y las taquilleras comedias de Eddie Murphy, este maravilloso relato y su protagonista han atraído a niñas y adultas generación tras generación. Piense en los infinitos mundos que se nos abrirían si viéramos las cosas como las ven los animales. Imagine observar la tierra desde el cielo a través de los ojos de un pájaro, moverse por la vida en tres dimensiones, como una ballena, o «ver» el mundo a través de ondas sonoras, como los murciélagos. ¿Quién no ha soñado con unas posibilidades tan emocionantes? El atractivo de la historia del Dr. Dolittle es que da vida a los animales en la pantalla grande, a todo color.

¿Qué me diría si le contara que el secreto del Dr. Dolittle era algo más que ficción creativa?

Tal vez se esté imaginando este secreto desde una perspectiva humana. Se preguntará si le estoy diciendo que existe una forma verbal de hablarle a su perro, quizá con el empleo de un libro de expresiones que traduzca su lenguaje al suyo. ¿Se pregunta qué aspecto tendría ese lenguaje, cómo sonaría? ¿Incluiría las palabras sit, quieto, ven y sígueme? ¿Tendría que gritar las traducciones, o podría susurrarlas? ¿Tendría que aprender a gemir y ladrar? ¿Olisquear el trasero de su mascota? ¿Y cómo le respondería su perro? ¿Cómo traduciría usted lo que le está diciendo? De hecho, como puede ver, crear un libro de expresiones perro-ser humano —del modo que se crea, digamos, un libro de expresiones inglés-español— sería una tarea muy complicada.

¿No sería más sencillo si hubiera un lenguaje universal que pudieran entender todas las especies? «Imposible —dirá usted—. ¡Ni siquiera todos los seres humanos hablamos el mismo idioma!». Cierto, pero eso no ha impedido que la gente haya tratado durante siglos de encontrar un lenguaje común. En el mundo antiguo las personas de las clases superiores, educadas, aprendían griego. De ese modo, todas podían leer y entender los documentos más importantes. En la era cristiana todo aquel que era alguien importante sabía leer y escribir en latín. Hoy en día el inglés está en lo más alto de la cadena alimenticia del lenguaje. Esto lo aprendí con sangre cuando llegué a Norteamérica hace catorce años. Créame, si no lo habla de nacimiento, el inglés es un idioma monstruoso para aprenderlo a partir de cero: a pesar de ello, todo el mundo, desde los chinos hasta los rusos, lo acepta como el idioma internacional para los negocios. El ser humano ha buscado otras formas de romper la barrera idiomática. Da igual qué idioma hable usted, si es ciega puede emplear el Braille. Si es sorda, puede entender a cualquier otra persona sorda mediante el Lenguaje Internacional de Signos. Los lenguajes matemáticos e informáticos rompen muchas barreras lingüísticas y permiten a los seres humanos de distintas lenguas conversar fácilmente entre sí, gracias al poder de la tecnología.

Si los seres humanos hemos conseguido diseñar estos lenguajes colectivos, ¿acaso no podemos crear una forma de conversar con las demás especies del planeta? ¿No existe lenguaje alguno, que podamos aprender, en el que algo signifique lo mismo para toda criatura?

¡Buenas noticias! Me alegra informarles de que el lenguaje universal del Dr. Dolittle ya existe. Y no lo inventó el ser humano. Es un lenguaje que todos los animales hablan sin tan siquiera saberlo, incluyendo el animal humano. Es más, todos los animales nacen sabiendo este lenguaje de forma instintiva. Incluso los seres humanos nacemos hablando fluidamente esta lengua universal, pero tendemos a olvidarlo porque desde niñas se nos adiestra para creer que las palabras constituyen la única forma de comunicación. Lo irónico es que, aunque creemos que ya no sabemos hablar ese idioma, la verdad es que lo hablamos todo el tiempo. ¡Sin saberlo, estamos radiando en esta lengua las veinticuatro horas del día, los siete días de la semana! Otras especies animales aún pueden entendernos, aunque quizá no tengamos ni idea de cómo entenderlas a ellas. ¡Nos interpretan nítidamente, aunque no seamos conscientes de que nos estamos comunicando!

Este lenguaje auténticamente universal, que llega a todas las especies, se llama energía.